Ir al contenido principal

Superando la maldición de las palabras

Por Nancy Leigh De Moss
La maldición de las palabras incluye palabras pronunciadas por otros (incluso por usted mismo) y tienen la intención de herir y dañar, menospreciar o desear mal.
Considere el ejemplo de David, a quien Shimei maldijo y menospreció en 2 Samuel 16. Shimei acusó falsamente a David, atribuyéndole hechos y la pérdida de su reino por el juicio de Dios debido a presuntos pecados en contra de la casa de Saúl. Las palabras de Shimei dañaban.
¿Cuáles palabras han dicho en tu contra intentando “maldecirte” o te han herido sin merecerlo? Eres tan torpe. . . Nunca llegarás a nada. . . Nunca vas a cambiar. . . Vas a ser igual que tu madre. . . No encontrarás alguien que te ame. . . Me gustaría que estuvieras muerto. . . Me gustaría que nunca hubieras nacido. . . Siempre. . . nunca. . ". Etc..
El hecho de ser un hijo de Dios no te hace inmune a la maldición de otros. La clave es cómo responder a esas heridas. Existen dos posibles respuestas:
1. Abishai, el guardaespaldas y sobrino de David quería atacar y a su vez maldecir en respuesta a la maldición de Shimei (v. 9).
2. David, en vez de defenderse o reaccionar violentamente, se contuvo. El reconoció la soberanía de Dios, respondió con humildad y recibió la maldición de Shimei como si viniera de Dios (v. 10-12).
¿Cómo responderás?
Cómo superar o liberarte de la maldición de las palabras en tu vida
    1.    Recuerda la bendición de Dios.
        • Nadie puede maldecirte sin el permiso de Dios (Num 22:12, 38, 23:8, 20, 23).
        • Si eres un hijo de Dios, estás bendecido, a pesar de (o independientemente de) lo que otros te hagan a ti.
        • La bendición de Dios es más poderosa que cualquier maldición humana.
        • A través de la cruz de Cristo, Dios ha provisto hacernos libre de cualquier maldición. Ninguna maldición de palabra puede controlar tu vida nunca más.
        • Dios protege y reivindica a los justos. Aquellos que viven una vida piadosa no tienen que preocuparse de que una maldición caiga sobre ellos.
            2.    Revisa la maldición.
              • ¿Cuál es la fuente de esas palabras?
              • Mientras revisas a la luz de la Palabra de Dios, las palabras que otros te han dicho, pregúntate “¿Es cierto? ¿Está eso de acuerdo con lo que Dios dice? “
                3.    Rechaza cualquier palabra que no sea verdad.
                  • Las maldiciones solo tienen poder sobre nosotros si nosotros las creemos. Si no son ciertas no tienen poder (Prov 26:2). Cuando las creemos, le damos poder.
                  • Decide rechazar las palabras que no están de acuerdo a la Palabra de Dios.
                      4.    Renueva tu mente.
                        • Los niños pueden no saber la verdad, pero los adultos tienen la responsabilidad de aprender la verdad.
                        • Satura tu corazón y tu mente con la Verdad en la Palabra de Dios (Filipenses 4:8-9). Reemplaza mentiras con verdad.
                          5.    Recibe las bendiciones de Dios.
                            • Aún cuando no puedas “sentir” la bendición de Dios, puedes recibirla por Fé.
                            • Luego de haber recibido la bendición de Dios, estás libre para bendecir a otros (el ejemplo de Jacob en Génesis 48-49).
                              6.    Libera a quienes han proferido maldiciones contra ti.
                                • Liberamos a los demás a través del perdón.
                                • Perdonar a otros nos libera para vivir victoriosamente en las bendiciones de Dios.
                                  7.    Arrepiéntete de cualquier maldición que hayas pronunciado contra otros.
                                    • Las palabras del cristiano solo debe ser una fuente de bendición (Santiago 3:8-11; 4:11).
                                    • Hablar mal de otros creyentes es una característica de los no creyentes (1 Pedro 2:12 ; 3:16).
                                    • Sé cuidadoso con el impacto de tus palabras como padre o cónyuge.
                                    • No seas descuidado con las palabras. Debes abstenerte de bromas, burlas, críticas constantes o "evaluaciones" que dejan huella. No haga juicios rápidos o saltes a conclusiones – ser "tardo para hablar" (Santiago 1:19).
                                    • Sé cuidadoso en cómo  le hablas a tus hijos en público.
                                    • Sé cuidadoso en cómo le hablas a tus padres (Proverbios 30:11; 20:20), a tus suegros, pastores, jefes, profesores, empleados cristianos y miembros de la iglesia, a tus amigos, a tus vecinos y hasta a tus “enemigos”.
                                      8.    Rechaza devolver maldición por maldición.
                                        • Solo devuelve bendición por maldición (Romanos 12:14, 17-21).
                                        • El principio bíblico es, cosecharás lo que siembras (Gálatas 6:7). Si bendices a otros serás bendecido. Si maldices, te maldecirán.
                                          9.    Decide pronunciar bendiciones.
                                            • Habla bendiciones a los demás. Sé proactivo. Busca oportunidades para bendecir, validar y estimular a otros.
                                            • Habla bendiciones no solo a los otros sino también de los otros.
                                            • Regala bendiciones específicas y apropiadas (Génesis 48:1-3, 15-16; 49:28). Imagina lo que Dios puede hacer en otros. Ejerce la Fé en su nombre a través de bendiciones que pueden cambiar su futuro (Hebreos 11:20-21)
                                            • No lo pienses, pronúncialas ahora! No esperes a su funeral para bendecirlos.
                                            • Aunque hay muchas oportunidades de bendecir en el día a día, también bendice en ocasiones especiales (cumpleaños, aniversarios, etc.)
                                            • La bendiciones son especialmente importantes para los que están debajo de tu liderazgo o autoridad (las esposas pueden estimular a sus maridos viendo el valor de bendecir a sus hijos).
                                            • Las palabras de bendición causan crecimiento, dan esperanza y traen sanación.
                                            • Las bendiciones vuelcan nuestro corazón hacia el que bendice- nuestro Dios amado, justo y fiel.
                                            • Las palabras son poderosas, y la muerte y la vida están en el poder de la lengua. Cuando maldecimos, degradamos o minimizamos con nuestras palabras, hablamos mentiras – el lenguaje de Satanás. Cuando hablamos la verdad de Dios a la vida de las personas, las bendecimos.
                                            • Toma la decisión de ser un “Bendecidor”

                                              © Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com
                                              ESCRITURA 2 Samuel 16:9-12

                                              SOBRE EL AUTOR

                                              Nancy DeMoss Wolgemuth

                                              Nancy DeMoss Wolgemuth creció en una familia profundamente comprometida a Cristo y a la misión de la evangelización del mundo. A una temprana edad, ella rindió su vida a Cristo y a Su llamado al servicio de tiempo completo.
                                              Nancy se graduó de la Universidad del Sur de California con un título en interpretación de piano y fue a servir como Directora de los Ministerios Primary Children en una gran iglesia local. Desde 1980, ella ha servido en el staff de Ministerios Life Action, un ministerio de reavivamiento establecido en Buchanan, Michigan. Hasta el 2001, ella se desempeñó como Directora del Ministerio de Mujeres y como editora de la revista Spirit of Revival.
                                              Nancy ha tocado la vida de millones de mujeres a través de Aviva Nuestros Corazones (una extensión de Ministerios Life Action) y el Movimiento Mujer Verdadera, llamándolas a un avivamiento del corazón y a la feminidad bíblica. Su amor por la Palabra y el Señor Jesus es contagioso, y permea su alcance en línea, mensajes de conferencia, libros y dos programas de radio diarios de difusión nacional – Aviva Nuestros Corazones y Buscándole a Él con Nancy Leigh DeMoss.
                                              Es autora de quince libros, incluyendo Mentiras que las Mujeres CreenUn Lugar de Descanso Tranquilo y Buscándole a Él. Más de 2,000,000 de copias han sido vendidas, y continúan transformando los corazones y las vidas de las mujeres.

                                              Comentarios

                                              1. gracias hermana.que Dios me perdone por las palabras necias de mi boca y tenga misericordia de mi

                                                ResponderEliminar

                                              Publicar un comentario

                                              Entradas populares de este blog

                                              Considera los caminos de su casa

                                              por Verónica Vilugrón
                                              Proverbios 31:27  “Considera los caminos de su casa, Y no come el pan de balde”.
                                              En otra versión dice:  “Ella observa, vigila como van las cosas en su familia, y el pan de la ociosidad no comerá.”  Podemos observar que esta mujer además de ser cuidadosa de su hogar, rechazaba una actitud de pereza, no perdía el tiempo, no lo gastaba inútilmente. Todo lo que tenía era por su esfuerzo, trabajo y diligencia, no es que lo que recibía venía de la nada. Esta mujer es consciente de que su trabajo es importante y no solo para ella, sino que su velar y vigilar la ayuda a tener un buen fruto en sus hijos y esposo.  Ella no come del pan que no se ha ganado con esfuerzo.  Juan 6:27 "Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre" Ella lucha por la vida que permanece para vida eterna. Clamemos a Dios que Él abra nuestros ojos para poder reconocer nuestros errores y c…

                                              Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada y su marido también la alaba

                                              por Verónica Vilugrón

                                              Proverbios 31:28:
                                              “Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; Y su marido también la alaba”

                                              La mujer piadosa es una mujer dichosa, feliz y bendecida. Esta mujer busca primeramente el reino de Dios, y todas las cosas le son añadidas (incluida la felicidad), como leemos en Mateo 6:33:
                                              “Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.
                                              La dicha, o el ser feliz es un subproducto de honrar al Señor y de ponerlo a ÉL primero antes que cualquier otra cosa, aun antes de nuestra propia vida.
                                              Los que buscan la felicidad y hacen ésta su meta, nunca la encontrarán. Los que buscan al Señor encuentran en Él su verdadera felicidad, lo encuentran TODO. No sólo felicidad en esta vida, sino una corona de gloria en la venidera.
                                              ÉL satisface, llena el corazón que está consagrado a ÉL. Él es el tesoro.
                                              Esta es la primera y única imagen que tenemos de los hijos de la mujer de proverbios 31, ya con estas simples palabras o con estas únicas p…

                                              Tres evidencias de un cristiano genuino

                                              Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.
                                              Marcos 12:28-31

                                              ¿Cuántas veces pensamos que somos cristianos por asistir a la iglesia, leer la Biblia, cantar alabanzas, recitar versículos, tomar todos los cursos que se presentan en la congregación, hablar con un lenguaje “bíblico” o tener conocimiento de las Escrituras porque tenemos muchos años haciendo todo esto?. Todo esto, ¿verdaderamente nos convierte en cristianos?
                                              En este pasaje, observamos que un “escriba”, que era una persona que tenía un gran conocimiento de la Ley mosai…