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Ser paciente no significa ser pasivo

Por Veronica Vilugron

Podemos definir la paciencia como: perseverar, permanecer bajo….soportar…. Un carácter que no se rinde ante las circunstancias, no abandona en medio de una prueba. Perseverancia ante situaciones difíciles o cosas que cuesta sobrellevar.

La paciencia Bíblica es sujetarte, someterte a la voluntad de Dios, frente a la oposición o la opresión.
No es pasividad.
La paciencia es resistencia, perseverancia, tolerancia, longanimidad.

Longanimidad: capacidad de sufrir durante largo tiempo los abusos de los demás sin amargarse ni resentirse.

La paciencia es un don Espiritual, que tiene la capacidad de soportar como podemos leerlo en Colosenses 1:11:
“Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad”.

La paciencia es una virtud y podemos aplicarla continuamente en nuestras actividades diarias.
En realidad es fe en acción.

Eso es parte de nuestra meta de nuestro crecimiento espiritual.

Dios nos ordena tener paciencia, esto es hacer frente a nuestra impaciencia.

Efesios 4:1-2:
“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,
con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.

Hacemos frente a nuestra impaciencia derribando dos enemigos grandes que trabajan continuamente en nosotras para sacarnos de la voluntad de Dios: ORGULLO y REBELDÍA que es lo contrario a HUMILDAD y MANSEDUMBRE como habla el pasaje.

Como vemos no es algo que sale solo, debemos cumplir la orden de andar con paciencia y vestirnos de ella.

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